Carta a Celso

7. Carta a Celso

Hola Celso, querido niño,

Las cifras y estadísticas sobre tus hermanas y hermanos resultaban tan frías en comparación con lo que me contaron de ti, que ahora no puedo dejar de pensarte.

No me conoces, pero una amiga me habló de ti. Me contó lo bonito que eres, dulce. También me contó que disfrutabas de la atención que te prestaron y como te agarrabas a la vida que sentiste.

Llegaste al Hospital de Chokwe, en brazos de tu madre. Apenas logró sentarse en el suelo, al lado de la puerta, cumpliendo así su último deseo. Tu tía es la única familia que tienes, pero casi le es imposible cuidarte. Es viuda y tiene otros niños a cuidar. Tu sólo tienes 2 años. Pero además de tener malaria, estabas desnutrido cuando llegaste y eres seropositivo.

¿Cómo te podré explicar que tu madre no tenía acceso a los medicamentos que hubieran podido impedir la transmisión del virus del SIDA durante el embarazo, porque las multinacionales no quieren dejar de cobrar sus beneficios millonarios? Las mismas empresas también impiden que tengas acceso a los medicamentos que podrían darte una posibilidad.

¿Cómo explicarte que nunca te dejarán disfrutar de la riqueza que se exporta diariamente de tu país? Un robo que ya empezó en 1498, cuando tus antepasados fueron ‘descubiertos’ y esclavizados. Tampoco conocerás a tus abuelos, masacrados por los portugueses por reivindicar la independencia. Ni sabrás nunca como hubiera sido tu país sin esta otra guerra contra el primer

gobierno de tus padres. Les llamaron comunistas, parte del ‘Eje del Mal’, y por eso murieron decenas de miles de personas como tu.

¿Cómo te puedo explicar que estos señores que ahora vienen de los mismos países del Norte, no son militares, aunque también llevan trajes, grises en vez de verdes?

¿Cómo te puedo explicar? Que

no portan armas, pero dentro de sus maletas llevan las decisiones igualmente mortales;

no serán juzgados por crímenes de guerra, aunque su tortura, aplicando el hambre, es mucho más cruel;

tampoco se les llamará ladrones, aunque roban toda la riqueza de tu país;

ni son ‘negreros’, aunque con sus sueldos miserables mantienen a la población como esclavos;

ni son dioses, aunque se creen inmunes y dicen que representan los valores universales.

Los últimos diez años, la economía de tu país creció como nunca antes y las multinacionales llegaron a explotar y exportar los minerales.

¿Cómo te puedo explicar lo que enseñan en las universidades más destacadas de los países más ricos y poderosos: que los precios y los sueldos que pagan son equilibrios matemáticos, consecuencia de una mano invisible?

 

¿Cómo te puedo explicar que este dios de los nuevos conquistadores es todavía más cruel que el anterior? Nunca entenderás todas estas cosas.

Lo más probable es que pronto te unirás a las estadísticas: uno más de los 30.000 niños como tu, que mueren diariamente. Sólo porque unos prefieren gastarse el dinero en armamento, para hacerse el mundo más seguro. Más seguro contra los pobres como tu.

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