Refranes – Eduardo Galeano

"REFRANES"

Por Eduardo Galeano

Nueva York, Madrid, Londres: el terrorismo ataca nuevamente.
Este fue el título principal de muchos diarios del mundo, en la
edición que informó de las explosiones que sacudieron a la capital
inglesa. Reveladora coincidencia: no mencionaron a Afganistán ni a
Irak. Los bombardeos contra Afganistán y contra Irak ¿no fueron, no
siguen siendo, atentados terroristas, que en el caso de Irak se
repiten día tras día? ¿No es siempre, o casi siempre, la clase
trabajadora quien pone los muertos en los atentados y en las guerras
?
¿No merecen el mismo respeto y la misma compasión las víctimas de
cualquier expresión del desprecio por la vida humana?. Sin comerla ni
beberla, no menos de tres mil campesinos fueron despedazados por las
bombas que buscaron, y no encontraron, a Bin Laden en tierras afganas.
Y no menos de 25 mil civiles, muchos de ellos mujeres y niños, fueron
despedazados por las bombas que buscaron, y no encontraron, las armas
de destrucción masiva en Irak, y por el baño de sangre que sigue
provocando la ocupación extranjera del país. Si Irak hubiera invadido
a los Estados Unidos, anormalidad que a nadie se le pasa por la
cabeza, las víctimas civiles serían, en proporción, trescientos mil
norteamericanos. Por los siglos de los siglos resonarían en el mundo
los truenos de semejante horror. Como los muertos son iraquíes,
rápidamente se convierten en costumbre.
En 1776, la Declaración de Independencia de los Estados Unidos afirmó
que todos los hombres son creados iguales, pero poquitos años después
la primera Constitución aclaró el concepto: estableció que en los
censos de población, cada negro equivalía a las tres quintas partes de
una persona. ¿A cuántas partes o partecitas de una persona equivale,
hoy día, un iraquí?
"Unos son más iguales que otros", dicen que dicen.

***

Y dicen: "Otros vendrán que bueno te harán". El terror de Estado,
fecundo papá de todos los terrorismos, encuentra coartadas perfectas
en los terrorismos que genera. Derrama lágrimas de cocodrilo cada vez
que la mierda pega al ventilador y simula inocencia ante las
consecuencias de sus propios actos. Pero no tienen de qué quejarse los
dueños del mundo: las atrocidades que cometen los fanáticos y los
locos les brindan justificación y les regalan impunidad.

***

"La mentira tiene patas cortas." A la vista está: la mentira tiene
patas larguísimas. Tan larguísimas que corren a mucha mayor velocidad
que los desmentidos de los mentirosos.
Después de gritar a los cuatro vientos que Irak era un peligro para la
humanidad, Bush y Blair admitieron públicamente que el país que habían
invadido y aniquilado no tenía armas de destrucción masiva. En las
elecciones siguientes, en Estados Unidos y en Gran Bretaña, el pueblo
los recompensó reeligiéndolos.

***

"El crimen no paga": ya ni los refranes saben lo que dicen. El mundo
gasta nada menos que 2.200 millones de dólares por día, sí, por día,
en la industria militar, industria de la muerte, y día tras día la
cifra sube y sube. Las guerras necesitan armas, las armas necesitan
guerras y las guerras y las armas necesitan enemigos.
No hay negocio más lucrativo que el asesinato practicado en escala
industrial. Su industria derivada, la industria del miedo, consagrada
a la fabricación de enemigos, es hoy por hoy la principal fuente de
ganancias de las empresas dedicadas al entretenimiento y a la
comunicación. En Hollywood ya no hay película que no estalle, y sus
guionistas agregan sustos al susto: por si fuera poco el pánico
terrestre, agregan las amenazas del terror importado desde otros
planetas.
La industria militar necesita producir miedo para justificar su
existencia. Perverso circuito: el mundo se convierte en un matadero
que se convierte en un manicomio que se convierte en un matadero
que… Irak, país bombardeado, ocupado, humillado, es la escuela del
crimen más activa en nuestros días. Sus invasores, que dicen ser
libertadores, han montado allí el más prolífico criadero de
terroristas, que se alimentan de la desesperanza y de la
desesperación.

***

"Al que madruga, Dios lo ayuda." ¿Madrugan los jefes guerreros?
¿Madrugan los exitosos banqueros? En realidad, el refrán exhorta a
levantarse tempranito a los humildes laburantes, y proviene de los
tiempos en que trabajar rendía.
Pero en el mundo act ual, el trabajo vale menos que la basura.
De los dos motores del sistema universal de poder, este sistema que se
llamaba capitalismo allá en mi infancia, sólo funciona uno. El
estímulo de la codicia desapareció, al menos para la mano de obra. Ya
nadie tiene ni la más remota esperanza de hacerse rico trabajando.
Ahora los dos motores son el miedo y el miedo: miedo a perder el
empleo, miedo a no encontrar empleo, miedo al hambre, miedo al
desamparo.
Los sindicatos defendían a los trabajadores, en tiempos que ahora
parecen prehistóricos. Las empresas multinacionales más famosas,
Walmarts y McDonald’s, niegan sin el menor disimulo el derecho obrero
a la agremiación y arrojan a la calle a quien cometa la osadía de
intentarlo. A los organismos internacionales que velan por los
derechos humanos, esta escandalosa violación no les mueve un pelo; y
el ejemplo cunde. El ninguneo de los sindicatos, o su prohibición lisa
y llana, empieza a ser normal.
El sindicalismo, fruto de dos siglos de luchas obreras, está en crisis
en todo el mundo, como están en crisis todos los instrumentos de
defensa colectiva y pacífica de la gente que vive de su trabajo, y que
ahora, librado cada cual a su suerte, sobrevive obligada a aceptar, sí
o sí, lo que los empleadores exigen: el doble de horas a cambio de la
mitad del salario..
Los sindicatos, debilitados, perseguidos, poco pueden ayudar, y Dios
tiene, al parecer, otras ocupaciones. El presidente Bush lo necesita
noche y día: es misión divina su proyecto de conquista del planeta, y
Dios guía sus pasos. ¿Cómo se comunican? ¿Por mail, por fax, por
teléfono, por telepatía? Secreto de Estado.

***

"A las armas las carga el Diablo." Este refrán no se equivoca. Dios no
puede ser tan jodido. Ha de ser el Diablo el que carga las armas, o al
menos las armas de destrucción masiva, las verdaderas, las que Irak no
tenía, las que están reventando al mu ndo: los bombardeos de mentiras
de las fábricas de opinión pública; las armas químicas de la sociedad
de consumo, que enloquecen el clima y pudren el aire; los gases
venenosos de las fábricas del miedo, que nos obligan a aceptar lo
inaceptable y convierten la indignidad en fatalidad del destino; la
mortífera impunidad de los asesinos seriales elevados a la categoría
de jefes de Estado; y las espadas de doble filo de las grandes
potencias que multiplican, a la vez, la pobreza y los discursos contra
la pobreza, y al mismo tiempo venden minas antipersonales y piernas
ortopédicas y desde los cielos arrojan misiles y contratos de
reconstrucción sobre los países que aniquilan.

Tomado de Página/12 Edición 12/7/05


Difusión FREGEN (Integrante de la Red Nacional de Medios Alternativos) http://www.fregen.org.ar

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